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miércoles, 2 de mayo de 2012

Judas Tadeo Landinez y su Imperio Financiero del Siglo XIX


¿LA PRIMERA PIRAMIDE FINANCIERA EN LA REPUBLICA?


El primer descalabro financiero de grandes proporciones  que arrastró consigo a notables terratenientes de la república, se registro en la primera mitad del siglo XIX siendo su protagonista don Jorge Tadeo Landínez, ilustre hijo de Boyacá.
Landínez, nacido en el municipio de Samacá, estudió en Tunja y luego en Bogotá donde se recibió de abogado. Fue diputado en épocas del General Santander, representante al Congreso, funcionario de hacienda en Tunja, rector del Colegio Boyacá de Tunja, Ministro de Hacienda, Ministro  del Interior y ministro de Relaciones exteriores entre otros cargos que ejerció especialmente en el Gobierno del presidente Márquez. 
Su amplia trayectoria política le sirvió de base y respaldo para incursionar en el mundo financiero, en el que se dice  inicio sus negocios con un capital de $22.000.
El sistema desarrollado por Landínez consistía en recibir dinero a interés, que luego prestaba a terceros sobre hipotecas. El dinero   depositado en sus arcas, lo respaldaba con pagarés, letras y en ocasiones también con hipoteca. Extendía los   pagarés y letras con carácter de "negociables" y consiguió que estos circularan en la capital como billetes de banco.
La compañía creada por Landínez multiplico rápidamente sus actividades financieras y en menos de tres años alcanzó  activos por cerca de un millón y pasivos por dos millones. La oficina se llamó "Compañía de Giro y Descuento" que alcanzó gran reconocimiento gracias al cumplimiento en el pago de intereses a sus depositarios, cuyo monto ascendía al 2% sobre la suma total. La popularidad de la compañía creció día a día  y personas de todos los rangos sociales incluyendo compañías religiosas, acudieron a la oficina de Landínez con el ánimo de multiplicar sus ahorros.
Los estudiosos de la historia financiera de Colombia, manifiestan que Landínez logró constituir un imperio que compraba numerosas propiedades urbanas y rurales, entre las que pueden citarse    famosos predios fundados desde la colonia, como la Hacienda el Novillero que  en 1810 era propiedad  del segundo Marquéz de San Jorge y su hermano don Jorge Tadeo Lozano y Peralta.  
Tibaitatá en Mosquera, que perteneció a los Vergara,  Hatos de Funza que integraba también el Novillero, Chaleche en Sesquilé que más tarde fue propiedad de la familia Cuervo, Buenavista en Cota, adquirida por  Urdaneta,  El Cerezo y San Miguel en Facatativá, Matima en Sasaima de los Lozano Peralta,  Siecha, El Salitre, Santa Bárbara, La Fiscala, Paloquemado, Tunjuelo, La hacienda Paime y La Mesa entre muchas otras. 
Landínez  aprovechó hábilmente la Guerra desatada en esta época, para convertirse en el mayor proveedor de abastos de Santafé (dicho monopolio lo ostentó en la colonia el primer Marquéz de San Jorge). Se constituyó además en proveedor del Ejército Nacional, razón por la cual incursionó en el sector de la industria y es mencionado como uno de los primeros empresarios industriales,  ya que adquirió varias  fábricas, entre ellas una de tejidos de algodón, la Ferrería de Pacho y la fábrica de Loza. 
Incursionó además en La explotación minera, tanto aurífera como carbonífera al  Comprar las minas de carbón  de Chaleche en Sesquilé, los predios con yacimientos carboníferos de Zipaquirá y otros que lo convirtieron en el mayor proveedor de carbón de Bogotá. 
En el sistema de transporte, adquirió las mejores recuas  y contrató los mejores arrieros para prestar el servicio de transporte. Landínez, llegó a ser el hombre más rico de la república pero en contraste con esta posición, era así mismo el que mayores obligaciones financieras poseía y Este aspecto le reclamaba permanente  liquidez y lo obligaba  a vender las  mejores  propiedades con mínimas ganancias.  
La continua necesidad de liquidez se hizo cada vez más evidente y en consecuencia la oficina  empezó a retardar el pago de intereses que motivó la alarma general. Landínez,  reunió a los depositarios para explicarles la situación y manifestarles que  el colapso se podría evitar si  seguían apoyando la compañía. Su estrategia para impedir la quiebra no contó con el respaldo suficiente y finalmente, su gran imperio económico cayó en la bancarrota arrastrando con él   numerosos inversionistas.