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viernes, 30 de marzo de 2012

LOS COMUNEROS III

LA REVOLUCION  COMUNERA LLEGA A NEMOCON -  PROCLAMACION  DEL ZIPA DE BACATA - PROTESTA   DE LOS  "COMUNES" EN ZIPAQUIRA

El visitador Gutierrez  de Piñeres instalado en Honda a la espera de los acontecimientos,  recibe   informes de que Galán y sus hombres se dirigen a su encuentro;  y  temiendo   por su seguridad  abandona  la Villa y rápidamente se embarca para Cartagena. 

Entre tanto en Santafé, La audiencia nombra el día 13 de Mayo una comisión integrada por los señores JOaquín Vasco y Vargas y Eustaquio Galavis, para  que procedan a entablar negociaciones con los insurrectos. La comisión dispone los preparativos para  su traslado a Zipaquirá al tiempo que envía una comunicación  a Berbeo,  donde le anuncian  su designación como representantes del gobierno y la perentoria necesidad de reunirse  para escuchar sus peticiones. 

El portador del mensaje localiza   al comandante en la población de Ráquira el día 23 de Mayo;  este recibe la comunicación e informa   al emisario  que debe esperar la respuesta; y procede de inmediato a redactar  su contestación: Apartes de la respuesta del Capitán Berveo:

[...] El objeto de restablecer la tranquilidad pública de este reino, que consiste en el alivio de procurar la empresa a que nos han estimulado los comunes de la villa del Socorro, San Gil y más ciudades y villas agregadas... Y respecto a que V.S. por la suya de 14 de mayo en que nos asegura traer facultades del Real Acuerdo...En esta atención y siendo nuestra solicitud sacudirnos de tantos pechos de que no se han mostrado órdenes de nuestro benigno monarca, de quien somos fieles vasallos, debemos decir a V.S. que en los territorios del pueblo de Enemocón podrá V.S. presentarse, en donde precediendo las urbanidades de estilo se propondrán y discernirán las  cosas correspondientes al intento. Dios guarde a V.S. muchos años. Ráquira y Mayo veinte y tres de mil setecientos ochenta y uno. fdo. Juan Francisco Berbeo. - Auto.- Recibida en la tarde de este día veinte y cinco de Mayo de mil setecientos  ochenta y uno. fdo. Joaquín Vasco y Vargas  - Eustaquio Galavis. [...]
  con la siguiente comunicación: 

Los comisionados instalados ya en Zipaquirá,  reciben la respuesta de Berbeo el día 25, según consta en el auto y proceden a enviar  al Tribunal una copia de la misma 
[...] Muy señor mío: La copia autorizada que incluímos a V.S., de la que acabamos de recibir, impondrá a los señores de la Junta del último estado que tienen las cosas; y que para la pacificación y tranquilidad que deseamos, se hace indispensable nuestra marcha a Enemocón y que se verificará en el día de mañana. Dios guarde a V.S. muchos años. Zipaquirá y Mayo veinte y cinco de mil setecientos ochenta y uno. (sic.) fdo. Joaquín Vasco y Vargas - Eustaquio Galavis. 
PROCLAMACION DEL ZIPA DE BACATA EN 1781
1781 - Ambrosio Pisco
Proclamado Cacique de Bogota
y Señor de Chía
La proximidad de los comuneros en los pueblos cercanos a Santafé, llena de valor a   sus  gentes, que entusiasmadas   deciden sumarse a la insurrección y se inicia entonces la romería de comuneros sabaneros hacia Nemocón. 
La primera acción que ejecutan en la sabana, es la de reconocer como señor de estas tierras al heredero de los Zipas de Bacatá, don Ambrosio Pisco,tío del joven Zipa heredero,  como Capitán Comunero de los pueblos de Bacatá.
 Don Ambrosio Pisco, días después en ceremonia ante la multitud, es  proclamado señor y Zipa de Bacatá. 
Ungido el Zipa, los comuneros presentan el debido respeto a su jerarquía y le reconocen además como derecho natural y heredado de sus ancestros, la administración de las salinas y le entregan el dominio. El Zipa, hombre sabio y fuerte  asume con  solemne dignidad  su investidura así como las funciones de su cargo de administrador de las salinas; dispone de inmediato   medidas en favor de su pueblo,  e  Imparte órdenes de suprimir y cerrar  el estanco.
Las autoridades coloniales envían un destacamento  para recuperar el dominio de las salinas,  los comuneros hacen retroceder la tropa, sin embargo algunos caen prisioneros, son traslados al calabozo,   luego ejecutados  y sus cabezas cercenadas  son expuestas para escarmiento  público. 
En 1782, dentro de los documentos que el Tribunal anexa al juicio  en  contra de don Ambrosio Pisco, se encuentra el siguiente informe sobre sus actos de insurrección:
[...] conocido como laborioso hacendado y comerciante y tío carnal del único heredero del cacicazgo de Bacatá, marchó para Enemocón a ponerse a órdenes de Berbeo el 24 de mayo de 1781. En el camino se le unieron los indios de Chía, Bogotá, Guatavita, Guasca, Tabio, Tenjo y Suba entre otros, que sumaron cerca de cuatro mil. En Enemocón es recibido con tambores, voladores y clarines y proclamado Cacique de Bogotá y señor de Chía, convirtiéndose en líder de los indios de la sabana, a quienes prometió  los resguardos que les habían sido expropiados[...]
Los documentos del juicio y las disposiciones ordenadas por el Zipa de Bacatá de 1781, nos permiten visualizar su pensamiento, y observar cómo a pesar de los siglos el reconocimiento y la solemnidad a la jerarquía del Zipa, permanecía  presente en sus sucesores.
CAMPAMENTO COMUNERO EN NEMOCON
Los comuneros desde diversos puntos  inician su ingreso  a Nemocón, y de acuerdo a las instrucciones se van ubicando en el sitio   previamente designado por Berbeo. 
El día 25 de Mayo de 1781 el grueso de la tropa  Comunera irrumpe en la ciudad y procede a  organizar e instalar su campamento. 
El día 26 llegan  los comisionados y el arzobispo Caballero y Góngora, quien  decidido a entrevistarse personalmente con Berbeo, consigue este mismo día llegar  hasta la propia tienda del comandante. 
Los detalles de la entrevista del Arzobispo con Berbeo, se conocen posteriormente, por un  oficio escrito de puño y letra por  el mismo Arzobispo,  en el que confirma su reunión con el capitán comunero el mismo día 26 en el sitio de su campamento.  
Los comisionados a cambio, solo pudieron hacerlo hasta el día siguiente,  27 de mayo, en la casa del Corregidor. Las actas levantadas sobre esta reunión,  citan que  Berbeo asistió  a la casa del corregidor escoltado por unos quinientos hombres, que sin cesar  gritaban consignas, entre otras: 
"viva el rey, abajo el mal gobierno" -  "guerra a Santa fé " - "Todo está gravado, el capital y la renta, la industria y el suelo, la vida y la muerte, el pan y el hambre, la alegría y el duelo".

La reunión se extendió largas horas; el comandante Berbeo, una vez finalizada la reunión con los comisionados, se dirigió al campamento y ordeno levantar las tiendas para trasladarlas de inmediato   al sitio denominado El Mortiño. 
Un informe de la Real Audiencia refiere: 
"Después de finalizada esta Conferencia, en el mismo día veinte y siete de Mayo, removió Berbeo su acampamento (sic.) de las inmediaciones de Nemocón y lo trasladó a las de Zipaquirá al sitio nombrado Mortiño" (cit. Cárdenas Acosta, Pág.59). 
Sobre el traslado del campamento los historiadores sugieren dos hipótesis:  que Berbeo movió el campamento en razón a que el llano de Nemocón debido a las lluvias, se encontraba  anegado;  otros expresan, que por razones de seguridad y para evitar un ataque por sorpresa, lo traslado al recuesto de la colina que de Nemocón parte hacia Zipaquirá, en el sitio denominado Mortiño. 
LAS CAPITULACIONES
El Arzobispo Caballero y Góngora escribe desde Zipaquirá:  
[...] nos lisonjeaba la estipulada paz y sólo restaba que los Jefes de los tumultuantes ya acampados en las inmediaciones de Zipaquirá formasen sus representaciones para concluirla...pero al tercero día se conmovieron de nuevo las gentes con tanto ardor...pasearon la plaza en acción de guerra, y no contentas con insultar mi dignidad, publicaron en las cuatro esquinas las  sangrientas ideas que los encaminaban a Santafé.[...] (ib.Pag.64)
El día 5 de junio, Berbeo entrega a los comisionados las proposiciones de los comuneros : [...] El día 5 presentó Berbeo a los comisionados el proyecto de capitulaciones. [...] (ib.Pág.64) Al  día siguiente, fueron remitidas a la Audiencia que las consideró y las devolvió para que trataran de negociar algunas modificaciones. 
El arzobispo, los comisionados y algunos diputados del cabildo de Tunja que se habían trasladado a Nemocón, para apoyar al arzobizpo y a los comisionados,  durante las reuniones de discusión de las capitulaciones, que duraron varios días, trataron por todos los medios,de persuadir al Capitán Berbeo para retirar su ejército.
El Comandante Comunero no se atemorizó  ante la  presión que trataron de ejercer los emisarios y representantes del virrey, que insistentemente demandaban que por "prudencia y discresión" debía retirar su ejército para poder discutir las capitulaciones. 
Berbeo, dando muestra de su experiencia y conocimiento del pensamiento humano en estas situaciones, se mantuvo firme y expresó a las comitivas,  que precisamente por conveniencia de los acuerdos, debía mantener todas sus tropas listas, para en caso necesario dirigirse a Santafé.
El día 7 de Junio la comisión  expide un nuevo informe: 
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[...] En este estado, aquellas gentes que parece no apetecían otra cosa que se les contradijese en sus peticiones para poner en planta sus criminales deseos...y porque inmediatamente no se habían aprobado sus proposiciones se les hacía traición;y al instante, a la señal de voladores, se juntaron todos sobre las armas en la Plaza de Zipaquirá, pregonando que venían a guerra a esta capital [...]
Los Comuneros contrariados por tantas largas y objeciones a la firma de las capitulaciones, se reunieron en la Plaza de Zipaquirá y con voladores y consignas, unos a caballo y otros a pié realizaron  una fuerte protesta, hasta ese día nunca vista en el reino,  que atemorizo profundamente a los comisionados, según el testimonio,  hasta la misma junta asesora de Berbeo se sintió intimidada. 
Los comisionados del gobierno  "para sosegar el tumulto" sin más dilaciones ni rectificaciones, procedieron ese mismo día 7 de Junio, a firmar las capitulaciones y a enviarlas a la Audiencia en Santafé, mencionando además, que el Arzobispo se encontraba tan sobrecogido por los sucesos, que había sido incapaz de tomar una pluma para escribir.
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La firma de las capitulaciones se hizo en presencia de los capitanes comuneros, y representantes de todos los pueblos; entre otros: del Socorro, de Barichara, de Charalá,  San Gil, Puente Real, Oiba, Sogamoso, Tunja, Socotá, Socha, Pesca, Moniquirá, Ráquira, Tenza, Gámeza, Ventaquemada, Guacheta, Lenguazaque,  Pacho, Sesquilé,   Guatavita, Chía, Nemocón, Zipaquirá, Nimaima y La Vega entre otros. 
El tribunal de La Audiencia al recibir las capitulaciones firmadas por los comisionados, levantó el  Acta correspondiente y agregó en forma confidencial   algunas   consideraciones,  En las que registraba expresamente los motivos por los cuales se habían pactado los acuerdos  en las capitulaciones y las razones por las cuales ¡dichos acuerdos no se iban a  cumplir!:
Apartes del Acta: 
[...] Esta Real Audiencia jamás ha dudado que las concesiones hechas por vía de asonada o conmoción no deben tener efecto alguno; y que aunque no estuviesen irritadas por la Ley,  bastaba para conocer su nulidad el ser otorgadas sin otro respeto que la fuerza...La violencia que obligó a acceder a las inicuas capitulaciones de los sublevados, nunca pudo comprometer a sus ministros que las aprobaron...así que este Tribunal... no se ha ceñido a mantener promesas injustas, ni se ha sujetado a sostener concesiones monstruosas, sino que examinando los acontecimientos...ha tomado los medios más proporcionados a tan críticas circunstancias...procediendo en todo contra los infractores de las leyes y perturbadores de la paz pública, en el modo mas adaptable a los tiempos presentes [...]
Los comuneros sin sospechar el levantamiento de un Acta   confidencial de incumplimiento a las Capitulaciones, redactada y firmada por el Tribunal y demás integrantes de las comitivas de la negociación, desmantelaron de buena fe su campamento, e iniciaron el regreso a casa, con la convicción de que La firma de las Capitulaciones aceptadas por los señores del Alto Gobierno, garantizaba que sus  peticiones habían sido atendidas y en consecuencia vendrían mejores días!
Ver Los Comuneros II
http://ruborpuebloscundinamarca.blogspot.com/2012/03/los-comuneros-ii.html  
VER LOS COMUNEROS IV
http://ruborpuebloscundinamarca.blogspot.com/2012/04/los-comuneros-parte-iv.html















































































































































































































































lunes, 26 de marzo de 2012

LOS COMUNEROS II


PARTE II

Las noticias de la insurrección en el Socorro  y    pueblos aledaños, causaron gran revuelo  en el ámbito santafereño, que  ante el inusual acontecimiento inicio el despliegue de todo tipo de especulaciones.
Los comentarios se extendieron  rápidamente por  los círculos sociales en los   que  con sorpresa y cierta admiración se observo  la temeridad de los comunes; sin embargo, tanto    los respetables patricios de la aristocracia como el  ciudadano corriente, se cuidaban de disimular su interés por los sucesos,  temiendo una acusación ante el tribunal.
Como es de suponer, el informe de la sublevación también  sorprendio  a Las autoridades, que alarmadas por  los  hechos  hasta ahora protagonizados por los comunes y temiendo  mayores despropósitos de la multitud amotinada,  acuden  al visitador     Gutiérrez de Piñeres,  con el fin de que les proporcione   alternativas  que  apaciguen  los motivos de la insurrección y frenen   el furor de los socorranos. 
Gutiérrez de Piñeres ante la preocupación de las autoridades, accede a reformar el edicto de los impuestos y  en los días siguientes promulga  una nueva disposición,  en la que concede a  los pueblos de San Gil y del Socorro la exención  de pagar   impuestos sobre el algodón y el hilo.
Dibujo de Alberto Urdaneta en el centenario
 de los comuneros
Archivos internet Blaa. 
Entre tanto los funcionarios  encargados del control policivo  y del órden público, imparten instrucciones  para que de  inmediato con las fuerzas disponibles, se conforme    un  pelotón militar.
Integrada  la escuadra de uniformados, esta escasamente llega a    80 hombres; El tribunal, ante la precariedad de la fuerza armada disponible, resuelve   entregar al comandante doscientos  fusiles  y le  instruye  para que sobre la marcha,   reclute hombres leales a la corona y los integre a la tropa. Cumplido el objetivo, la tropa con los refuerzos quedaría    fortalecida y podría   sin contratiempos  someter a los insurrectos. 
Los milicianos  comandados por el oidor Osorio, parten de Santafe rumbo a las tierras del Socorro en cumplimiento de las órdenes recibidas!. 
Nuestro ilustre historiador, Indalecio Liévano Aguirre en su obra: Grandes Conflictos de Nuestra Historia, nos describe este hecho:
[...] Mal informada la Audiencia,  de la magnitud e importancia de los acontecimientos, decidió enviar al Socorro al Oídor Osorio, con la ridícula fuerza de cincuenta alabarderos bisoños y treinta soldados de la guardia del virrey, portadores de doscientos fusiles antiguos, destinados a armar a vasallos leales al rey que pudieran reclutar durante la marcha [...]
[...] Las avanzadas del movimiento comunero, compuestas aproximadamente de  unos cuatro mil hombres mal armados, se movieron con rapidez hacia el sur en busca del  oidor Osorio y consiguieron encerrar las tropas de la Audiencia en el sitio denominado Puente Real. Después de algunas escaramuzas y de muchas deserciones, Osorio no tuvo más remedio que rendirse a discreción. " Las armas del Rey - dice Briceño - el pendón Real, se abatieron por primera vez ante el pueblo "; [...]
El comandante Berbeo por su parte,  realizaba ingentes esfuerzos para  controlar   los desmanes de la gente y procuraba evitar los incendios a las plantaciones de Tabaco, primeras acciones que realizaron  los insurrectos causando gran devastación. También cumplían su parte  los informantes de los comuneros,  ocupándose constantemente de circular entre los grupos las noticias de la tropa enviada desde Santafé para someterlos
Los capitanes y líderes comuneros al conocer el envío de tropa  para someterlos,  se presentan  ante Berbeo para exigirle  que  grupos armados  (de picas y palas) se desplacen hasta el sitio de Puente Real, para   esperar y enfrentar  allí a los uniformados. 
Berbeo observando la exaltación, evita  contrariar tal  petición y con el  ánimo de evitar mayores dificultades accede al desplazamiento de algunos escuadrones hasta el sitio de Puente Real.  
Berbeo y la junta asesora, consideran las implicaciones y los riesgos que corrían ante el rumbo que estaban tomando los acontecimientos; y temerosos de las consecuencias por  su participación en el levantamiento, deciden enviar   un informe   secreto al Virrey  explicándole  la gravedad de la situación y  las razones que habían tenido para aceptar los nombramientos  que les hicieran    los amotinados.   Apartes del mensaje:
[...] en el estrecho en que nos hallamos, y que violentados hemos admitido el nombramiento que se nos hizo de capitanes y con el fin de contener los desarreglados procedimientos que se habían experimentado, y ver si por medios de prudencias se puede conseguir la tranquilidad para estas repúblicas, mediante a que no podemos tratar, sin pérdida de nuestras vidas y pocos bienes de impedirles el intento, pues ni aun consienten en que se trate en ningún término al menos que no sea el fin que ellos pretenden de quitar todo pecho y consumir a quien se los impida. Por lo que esperamos que la real piedad lo pacifique por medio de informe de V.E., y sin que se entienda que haber admitido las capitanías tenga en nosotros asomo de infidelidad a nuestro monarca, Rey y Señor, pues antes por fieles vasallos nos hemos sujetado a padecer las molestias que son de considerar en tan crítica circunstancia [...] 
En Puente Real el 6 de mayo de 1781, Los Comuneros comandados por Ignacio Calviño, hacen su aparición por cerros y cañadas y "precedidos de ruidos, voladores y otras algazaras" rodearon la tropa miliciana, impidiéndole cualquier movimiento sorpresivo. Los Comunes designan comisiones para entrevistarse con el oidor Osorio y después de dos días de largas  conversaciones sin lograr resultados, la comisión de Osorio fracasa y La tropa del Virrey es  fácilmente derrotada.
Los insurrectos exaltados ante la victoria, empiezan a exclamar: " a Santa Fe… a Santa Fe" y espontáneamente iniciaron su travesía  hacia la capital.   
Enterados de que el grupo de Puente Real se dirigía a Santafé, los hombres que acompañaban a Berveo  le exigen también marchar sobre la capital; el capitán sin más alternativas,   imparte entonces las órdenes para iniciar  el camino  hacia  Santafé.
Mientras se dirigía a la capital, el comandante comunero envió  un mensaje a los capitanes de los pueblos donde les manifestaba: "Yo salgo para la Corte el lunes, que se cuentan catorce del corriente (mayo 1781) a de una vez salir de dudas".
Es de anotar, que Berbeo dispone estrategias para la marcha de los comuneros hacia la capital; por ejemplo:  Escoge el pueblo de Nemocón como punto de encuentro; divide en dos grupos la fuerza comunera y   diseña dos rutas distintas para la llegada al sitio de reunión.  
El comandante Berbeo  y "algunos de sus capitanes con sus gentes", toman el camino que los conduciría por los pueblos de Moniquirá, Leiva, Guacheta,  Lenguazaque y Nemocón; Mientras que los capitanes del segundo grupo, entre los que se encontraba el cabo Galán, toman la ruta por Simijaca, Susa, Ubaté, Tausa y Nemocón. 
En la capital los días avanzaban y los motivos de preocupación aumentaban;    en una mañana de abril, en algunos puntos de la ciudad,    aparecieron fijados   unos pasquines   protestando en contra del visitador Gutiérrez de Piñeres y reprobando las disposiciones  del entonces fiscal Moreno y Escandón.   
El Fiscal Moreno precisamente en aquellos días, se ocupaba   de liberar tierras de los indígenas para sacarlas a remate, y con tal fin  había ordenado la extinción de varios pueblos de indios y esto significaba expropiación  de las tierras de los resguardos, medidas que  por igual afectaban      a mestizos y españoles pobres,  que allí vivían como arrendatarios. 
Ahora,  la exención en el pago de impuestos  sobre el Hilo y el Algodón promulgada por Piñeres, Los investigadores dicen que los comuneros no conocieron tales disposiciones; otros, afirman que si las conocieron y no les produjo ningún beneplácito,  pues  sus reclamos tenían más proposiciones y que además, cuando las conocieron ya se encontraban camino a Santafé.  
Mapa del Virreynato de Santafé
archivos virtuales Blaa 
En estos mismos días, regresó a la capital un soldado  que había  escapado del enfrentamiento en Puente Real, y en su informe relató, que para poder  regresar  había tenido  que disfrazarse y andar por trochas y caminos distantes a la Ruta de los Comuneros. El uniformado al rendir  su parte  ante la Audiencia, refiere  su difícil travesía y   comunica al tribunal que los alzados  eran aproximadamente unos 4.000 hombres y "aunque mal armados, se dirigían a Santafé"
La noticia de que las multitudes del Socorro se tomarían Santa Fe, sumió en pánico a  la capital y tanto  españoles "chapetones" como  la élite criolla, temiendo por sus bienes y su vida, tomaron medidas para resguardarse, entre ellas, la  de  presentarse ante el tribunal para ofrecer su respaldo y toda la  colaboración  necesaria para   la solución del conflicto.
Entre tanto,  la apoteósica marcha de los comuneros continuaba    sin tropiezos su avance hacia Santa Fé;  El recorrido de estos hombres y mujeres   nos lo refiere  Liévano Aguirre, que también nos explica la diferencia en número de los hombres que salieron del Socorro y los que llegaron a Zipaquirá: 
[...] comenzó entonces uno de los más espléndidos espectáculos de nuestra historia. De las villas, las aldeas y las campiñas brotaron millares de personas, armadas de palos, viejos fusiles o instrumentos de labranza, que a lo largo de caminos y veredas se encaminaron a los acantonamientos principales de la masa comunera...la rebeldía de los oprimidos tomaba forma de protesta contra la miseria y de anhelo profundo por cambiar las antiguas estructuras sociales [...]
Ruta Comunera
Conmemoración en Zipaquira
Bicentenario
Al llegar  a las inmediaciones de Zipaquirá, Berbeo  ordena detener la marcha  y entre Nemocón y Zipaquirá  acamparon cerca de quince mil hombres. 
Allí, es donde surge el inmortal caudillo  comunero José Antonio Galán Zorro, que comandando un grupo se presenta ante Berveo y El comandante   le ordena acampar esa noche  con los demás hombres.   Al día siguiente, Berveo  requiere su presencia,  le otorga el nombramiento de capitán,  le asigna hombres ( ciento cincuenta) y le imparte instrucciones    para que se dirija a Honda tomando el camino por las villas cercanas. (es de anotar que en los folios del juicio, no se halló ningún documento sobre las verdaderas órdenes impartidas por  Berbeo a Galán, por tanto   estas, dicen los investigadores, fueron de carácter confidencial y estrictamente  verbales) 
En su recorrido a Honda, Galán   incursiona en   algunas haciendas de Facatativá, La Vega y  Guaduas, y en cada lugar convoca a los   comunes y nombra capitanes para que se unan a los reclamos por sus derechos. 
Sobre las instrucciones al líder comunero, los historiadores  citan dos versiones: que la comisión de Galán  era  capturar al Visitador Gutiérrez de Piñeres, quien  a raíz de los acontecimientos, el día 13 de Mayo, había abandonado   la ciudad de Santafé con rumbo   a la villa de Honda;  donde  provisionalmente  se  instalaría a la espera y desenlace de los acontecimientos.    Gutiérrez de Piñeres  envía desde Honda   una comunicación a Santafé:
[...] Honda 17 de mayo 1781. La mañana del día 13, salí a la ligera de Santafé, dejando los papeles respectivos a mi visita y comisiones en lugar reservado y seguro, y me dirigí a esta villa, a donde llegue la noche del día 16, con ánimo de mantenerme en ella hasta ver el semblante que tomen las cosas, que por ahora no puede ser más funesto [...]
Las autoridades al recibir el informe  de que Galán se dirige a Honda,    envía un destacamento para interceptarlo, se produce el enfrentamiento y  Galán  y sus hombres obtienen  la victoria.  El parte de los uniformados  cita: "les salieron todos los indios, indias, mestizos, mulatos y hasta los muchachos, armados de piedras, palos y cuantos instrumentos toparon y estrechándolos entre dos vallas los obligaron a una sangrienta defensa". 
El líder comunero prosigue  su marcha  hacia Villeta,    convocando   en cada sitio a los indígenas y demás pobladores  para que motivados se dispusieran a recuperar el dominio de sus recién extinguidos pueblos y resguardos.  
La otra versión que mencionan los historiadores, sugiere:  que las frecuentes reuniones de Galán con los pobladores  retardaba su llegada a Honda, y que por tanto  sus instrucciones, eran las de exhortar a los indígenas,  esclavos y pobladores, para provocar el levantamiento en estas zonas y no,  las de alcanzar la caravana del visitador Piñeres. 
En la provincia de Mariquita, citan sus biógrafos, Galán se trasladó hasta el sitio de las minas donde promulgó  ante los exclavos varias consignas, entre éllas : "Se acabó la esclavitud". La población minera sorprendida e impactada por el valor de estos aguerridos comuneros, paralizó el trabajo y llena de ímpetu se  sublevó. 
El informe del gobernador de Mariquita expone: ¡Han enarbolado bandera! Vuestras reales armas, a machetazos, hechas astillas! Las reales administraciones robadas, yo perseguido, mi hacienda robada, la cuadrilla de negros sublevada, mi familia dispersa... ».
VER PARTE  I
http://ruborpuebloscundinamarca.blogspot.com/2012/03/la-revolucion-de-los-comuneros.html
VER PARTE III
http://ruborpuebloscundinamarca.blogspot.com/2012/03/los-comuneros-iii.html

jueves, 22 de marzo de 2012

LA REVOLUCION DE LOS COMUNEROS


PARTE I
Mapa 1776 Provincia del Socorro
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La Insurrección  Comunera en el Nuevo Reino de Granada, brotó  en la provincia del Socorro, que  en aquellos tiempos coloniales  se erguía como escenario de una importante actividad productiva desplegada por propietarios terratenientes, minifundistas, arrendatarios  de tierras y numerosos trabajadores.
Las causas que originaron  la sublevación  de las gentes del Socorro, venían acumuladas de   largos siglos de inconformidad, ante un sistema que propiciaba inequidad en la aplicación de las normas, así como abusos y  excesos de funcionarios o de terratenientes,      la expropiación de resguardos que en aquel momento se registraba, la represión,  el trabajo sin retribución, o sin una retribución justa,  la ausencia de garantías y de la aplicación de justicia ante sus reclamos, la constante humillación y muchos sinsabores fueron entre otros numerosos factores, los que  fecundaron     poco a poco  el sentimiento   de  inconformidad  hasta estallar   finalmente, en La insurrección de los Comuneros. 
ANTECEDENTES
En las últimas décadas, La situación se había tornado insostenible para la vida de las familias de trabajadores,  que más allá de la precariedad se encontraban en la miseria, según reconocimiento que  en aquellos días  hace el propio Arzobispo Caballero y Góngora, en su análisis y en el informe que envía al rey sobre los hechos.  
En este contexto, el nuevo edicto del gobierno  promulgando    aumento de  tributos, se convierte en  la gota que colma el vaso y la gente sin pensar en consecuencias se lanzó masivamente a la  protesta; Veamos :
La zona de Santander venía   incentivando    las plantaciones    de caña, tabaco, cacao y algodón, con el propósito de abastecer la creciente demanda y el resultado  incidía  notablemente en su flujo comercial; por otra parte,  En esta misma provincia del Socorro,  se gestaban los   primeros pasos hacia   el  desarrollo de una     industria  textil, entonces incipiente, que se encargaba de fabricar las prendas para la gente del común,   producción que encontraba acogida y  demanda en las otras provincias. 
Ahora dentro del sistema colonial, lograr avance exitoso en las actividades comerciales, era un camino tortuoso y prácticamente imposible, pues las  disposiciones  implementadas tenían el propósito de   limitar   la expansión y el desarrollo de industrias locales,  que sólo podían crearse mientras  no  compitieran con  los productos que llegaban de España.  En cuanto al   comercio,   estaban prohibidas entre las colonias las relaciones comerciales,  así que los productores locales solo podían comerciar sus productos con las demás provincias del reino. 
El objetivo del  sistema  era captar todo el circulante,  y la élite, que era quien movía el escaso circulante,   para guardar las normas y las apariencias sociales de su rango,  sin tener en cuenta el costo, se veía  obligada    a adquirir los     productos traídos  desde España.  
Sin embargo,  La monarquía al observar  la demanda europea sobre   el cacao, el tabaco y el algodón, que no  producía  España y tampoco  algunas  de sus colonias que  si los consumían, optó por  suspender las prohibiciones sobre dichos  productos y autorizo su comercialización dentro de las mismas colonias;  esta medida  benefició el comercio en la Nueva Granada y en consecuencia en estas últimas décadas del siglo XVIII, los productores se encontraban exportando las cosechas de sus plantaciones. 
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En  pleno apogeo de las exportaciones del Nuevo Reino de Granada, surgió un competidor; la recién independizada (1776) República de los Estados Unidos,   inició por este tiempo sus exportaciones hacia el viejo mundo comerciando especialmente el tabaco de Virginia. Las exportaciones de Estados Unidos ocasionan  la irremediable caída en la demanda del tabaco granadino,  puesto que el tabaco en nuestras tierras  se procesaba  de forma  más artesanal y rudimentaria que  el  del país del norte americano. 
Ante la caída de las exportaciones granadinas, El gobierno español decidió frenar la siembra de tabaco en el  Nuevo Reino de Granada y con este fin  expidió normas  e incrementó los gravámenes sobre  la siembra de tabaco;  no obstante, el incremento  del gravamen  no se limitó solamente al tabaco; el monarca español   aprovecho el momento para decretar un aumento  general a las tasas de impuestos y establecer   gravamen  a productos que se encontraban  exentos,    medida con la que pretendía  subsanar  el  déficit de sus deprimidas arcas,  que   una vez más  se encontraban al borde de la bancarrota.
Las  disposiciones  afectan  ostensiblemente la frágil economía granadina; observemos por ejemplo el sector de Los terratenientes que ante la suspensión de las exportaciones enfrentaba   significativas pérdidas de producto y   registraba además disminución de ingresos, y no obstante,   ahora tendrían que  cubrir el pago de mayores   impuestos. Las  circunstancias  también  afectan a   los pequeños productores y a los  trabajadores, así que la población en general, al comprender las  implicaciones que traería el aumento de tributos,   protesta airadamente en contra de  los decretos   y   en varias poblaciones estallan los  motines.  
La comisión para llevar a cabo el aumento de impuestos en la Nueva Granada, fue  asignada   al visitador Gutiérrez de Piñeres, que  en 1780 procedió   a realizar un meticuloso estudio sobre los tributos que hasta ese momento  cobraba el fisco y a revisar con detalle los bienes que se encontraban exentos. 
Al finalizar su estudio, Gutiérrez de Piñeres elaboro un  juicioso listado de los productos que quedaban gravados con el nuevo impuesto, al que denominó "impuesto para la Armada de Barlovento", que  entre otros aspectos contenía: gravamen para una amplia variedad de  productos que antes no pagaban impuesto e   incremento de  los porcentajes para  aquellos que consideró pagaban tasas muy bajas, llegando al extremo de doblar el valor del tributo a muchos de ellos. 
Manuela Beltrán
Heroína Comunera
Tomado archivos
Universidad del Magdalena
Para tener una idea de la magnitud de tales tributos,  acerquémonos a las disposiciones; Hasta ahora, venían pagando impuesto los establecimientos de comercio y transacciones mayores; a partir del nuevo decreto  quedaron gravadas todas las tiendas de expendio,   todos los frutos de la tierra,   las carnicerías, las pulperías y hasta el sebo, materia prima de las velas. 
Tampoco escaparon  los artistas, artesanos  y similares  pues ahora pagarían impuesto por su oficio, los que no tenían vivienda fija "pagarían tributo para hacer cualquier trato de un sitio". 
Toda transacción de cambio, venta o arriendo de finca raíz, así como todo contrato de administración; además, impuso a cada individuo la obligación de llevar registro comprobado de cada cosa que producía, compraba y vendía. 
Gutiérrez de Piñerez, con el objeto de  controlar rigurosamente  el cumplimiento  de tales disposiciones, nombró funcionarios inspectores con facultades para que  sin previo aviso    verificaran   los registros;  esta medida provocó  que dichos funcionarios cometieran excesos  en contra de la población y de los comerciantes
En el estanco que controlaba  los artículos que se comerciaban   a mayor escala, como el cacao, el algodón, el tabaco, la miel y  el aguardiente entre otros,   fijaba tanto los precios de compra a  productores como el de venta al público, así que a los productores les bajó los precios de compra y al público le incremento.  
Por ejemplo,  al tabaco y al aguardiente se les duplico el precio de venta al público y se redujeron  las medidas de peso y cantidad a la mitad. (es de tener en cuenta que estos  productos sólo se podían adquirir en el estanco)
 En cuando a los establecimientos de comercio,  sin excepción, quedaron obligados a   llevar un estricto  registro de sus transacciones.  El resultado del Decreto   de impuestos apoyado en medidas represivas,   generalizó el malestar   entre  la población y esta  circunstancia  motivo el acercamiento de  los sectores sociales granadinos. 
Casa de juan Francisco Berbeo
En Octubre de 1780  fue fijado en lugares públicos el decreto con los  impuestos  que comenzarían a regir a partir del 1o. de  enero de 1781.   
Por esta misma época,  finalizando 1780, llegó la noticia de la insurrección en el Perú del Inca Tupac Amaru, quien  había reclamado sus derechos y se había declarado "Rey de la América; y al rey de España le había llamado usurpador de sus dominios".  
El caldeado ánimo de los granadinos se exaltó aún más ante la sublevación del Inca, y sin más preámbulos estalló en las zonas  tabacaleras, registrándose   los primeros motines   en los pueblos de Mogotes y Charalá, que se  replicaron luego en otras poblaciones y hasta en lugares distantes, por ejemplo en los Llanos, donde las  fuertes protestas obligaron  al gobernador a renunciar.
El levantamiento comunero fue la máxima expresión  de nuestros predecesores para manifestar  su repudio y desaprobación al sistema que los gobernaba;  un sistema que  sin cuantificar los  largos siglos de   usufructo  y beneficios obtenidos, tanto de las incalculables    riquezas del suelo americano como de la fuerza trabajadora de sus gentes, persistía en su despótico sistema  que  asfixiaba la vida y  estancaba el horizonte de cada  individuo   del Nuevo Reino.
El día  16 de marzo de  1781, día de mercado en la población del Socorro, Fue fijado en la puerta del Estanco el decreto con los nuevos impuestos; la gente, al enterarse que el edicto comunicaba el aumento  de impuestos  reaccionó en contra de las disposiciones, se suscitó  una protesta que se fue acrecentando  y una valerosa mujer de nombre Manuela Beltrán, ante las airadas voces   de la multitud  que repetía incansable  "Viva el Rey y muera el mal gobierno",  resolvió con insospechada audacia  ¡arrancar el edicto!  que imponía más   tributos y causaba desolación en su gente. 
La multitud ante la firme reacción de Manuela se amotinó y sin que ninguna autoridad  pretendiese  detenerla, se dirigió al estanco de aguardiente,  oficina emblemática de los impuestos,  y allí expresaron su inconformidad   volteando los recipientes, con el propósito de   esparcir  todo el licor  allí depositado. 
Al día siguiente, marzo 17, la población de Simacota se unió a la protesta  y   Lorenzo Alcantuz, líder comunero, pisoteó el estandarte y arrancó el emblema de las armas reales. 
Días después, circularon clandestinamente entre los habitantes del Socorro  y municipios aledaños,  papeles escritos con versos anónimos enviados desde Santa Fe, que se leían en público y que promulgaban: 
"Viva el Socorro... y viva el reino entero…/ si socorro al Socorro le prestare…  "; - "La naranja, ¡siempre amarga si se exprime demasiado!/ y el borrico recargado, siempre se echa con la carga!" - " . 
(De la autoría de estos versos fue  acusado   don Jorge Miguel Lozano y Peralta - primer marquéz de San Jorge, y aunque no lo pudieron probar, el tribunal   le instauró un juicio,  fue  desterrado de Santafe y confinado en un convento de Cartagena a pasar el resto de sus días. Murió en la celda del convento en 1793. El Marqués era el padre del prócer y mártir don Jorge Tadeo Lozano). 
En los días siguientes, los manifestantes recibieron   la arriesgada colaboración del administrador de correos (dice Ibáñez, que este era yerno del Marques) y del párroco, quienes procuraban mantener  los ánimos de  la población,  transmitiendo   las  novedades sobre los últimos sucesos de Tupac Amaru, que secretamente recibían desde la capital,  
Juan Francisco Berbeo
Comandante Comunero
Archivos virtuales Blaa.
La mayoría de poblaciones cercanas se unieron a la protesta;    San Gil, Charalá y Mogotes entre otras; y los insurrectos  determinaron   reunirse en la población del Socorro el día 18, con el propósito de   conformar un comando central. 
Reunidos los líderes de las poblaciones, aprobaron el nombramiento de un comandante  y  fue elegido Juan Francisco Berbeo, que  en días anteriores, con gran habilidad,  había  conquistado   el respeto de  los sublevados, al dirigirse a estos con autoridad y razonamientos. 
Berbeo  era un diestro y hábil capitán  que poco tiempo atrás había prestado sus servicios al   gobierno,  en las campañas " de pacificación" que    aún enviaban contra los "indómitos Carares y Yariguies" de la provincia de los Llanos. 
Juan Francisco Berbeo para aceptar el mando de la Insurrección Comunera, exigió a los comuneros  el nombramiento de una junta asesora en la que debía figurar su amigo Salvador Plata. ( Es probable, dicen los investigadores, que esta condición de Berbeo haya tenido como finalidad,  proteger de la agitada multitud los bienes patrimoniales de Plata, ya que en días anteriores los amotinados habían intentado atacar la residencia de este, pues se le   consideraba  representante del gobierno). 
Berbeo consiguió su propósito y  los comuneros aceptaron  el nombramiento de la   Junta Asesora, que quedó integrada por    Salvador Plata, Francisco Rosillo y Antonio Monsalve.  Nombrada la Junta, Berbeo aceptó  el cargo  de  capitán  del Movimiento Comunero. 
(En el juicio en contra de Berbeo en 1782, Fernando Pabón, diputado del cabildo de Tunja declaró: [...]este sujeto, que montaba un soberbio y peligroso caballo, obsequio de los capitanes de Sogamoso, al que gobernaba como diestro jinete, se dijo ser el Comandante General de los Comunes, don Juan Francisco Berbeo, a quien todos reverenciaban y obedecían [...] cit. Pablo E. Cardenas Acosta en Los Comuneros, Pág.90)