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jueves, 22 de marzo de 2012

LA REVOLUCION DE LOS COMUNEROS


PARTE I
Mapa 1776 Provincia del Socorro
Archivos virtuales Blaa
La Insurrección  Comunera en el Nuevo Reino de Granada, brotó  en la provincia del Socorro, que  en aquellos tiempos coloniales  se erguía como escenario de una importante actividad productiva desplegada por propietarios terratenientes, minifundistas, arrendatarios  de tierras y numerosos trabajadores.
Las causas que originaron  la sublevación  de las gentes del Socorro, venían acumuladas de   largos siglos de inconformidad, ante un sistema que propiciaba inequidad en la aplicación de las normas, así como abusos y  excesos de funcionarios o de terratenientes,      la expropiación de resguardos que en aquel momento se registraba, la represión,  el trabajo sin retribución, o sin una retribución justa,  la ausencia de garantías y de la aplicación de justicia ante sus reclamos, la constante humillación y muchos sinsabores fueron entre otros numerosos factores, los que  fecundaron     poco a poco  el sentimiento   de  inconformidad  hasta estallar   finalmente, en La insurrección de los Comuneros. 
ANTECEDENTES
En las últimas décadas, La situación se había tornado insostenible para la vida de las familias de trabajadores,  que más allá de la precariedad se encontraban en la miseria, según reconocimiento que  en aquellos días  hace el propio Arzobispo Caballero y Góngora, en su análisis y en el informe que envía al rey sobre los hechos.  
En este contexto, el nuevo edicto del gobierno  promulgando    aumento de  tributos, se convierte en  la gota que colma el vaso y la gente sin pensar en consecuencias se lanzó masivamente a la  protesta; Veamos :
La zona de Santander venía   incentivando    las plantaciones    de caña, tabaco, cacao y algodón, con el propósito de abastecer la creciente demanda y el resultado  incidía  notablemente en su flujo comercial; por otra parte,  En esta misma provincia del Socorro,  se gestaban los   primeros pasos hacia   el  desarrollo de una     industria  textil, entonces incipiente, que se encargaba de fabricar las prendas para la gente del común,   producción que encontraba acogida y  demanda en las otras provincias. 
Ahora dentro del sistema colonial, lograr avance exitoso en las actividades comerciales, era un camino tortuoso y prácticamente imposible, pues las  disposiciones  implementadas tenían el propósito de   limitar   la expansión y el desarrollo de industrias locales,  que sólo podían crearse mientras  no  compitieran con  los productos que llegaban de España.  En cuanto al   comercio,   estaban prohibidas entre las colonias las relaciones comerciales,  así que los productores locales solo podían comerciar sus productos con las demás provincias del reino. 
El objetivo del  sistema  era captar todo el circulante,  y la élite, que era quien movía el escaso circulante,   para guardar las normas y las apariencias sociales de su rango,  sin tener en cuenta el costo, se veía  obligada    a adquirir los     productos traídos  desde España.  
Sin embargo,  La monarquía al observar  la demanda europea sobre   el cacao, el tabaco y el algodón, que no  producía  España y tampoco  algunas  de sus colonias que  si los consumían, optó por  suspender las prohibiciones sobre dichos  productos y autorizo su comercialización dentro de las mismas colonias;  esta medida  benefició el comercio en la Nueva Granada y en consecuencia en estas últimas décadas del siglo XVIII, los productores se encontraban exportando las cosechas de sus plantaciones. 
Archivos internet.
En  pleno apogeo de las exportaciones del Nuevo Reino de Granada, surgió un competidor; la recién independizada (1776) República de los Estados Unidos,   inició por este tiempo sus exportaciones hacia el viejo mundo comerciando especialmente el tabaco de Virginia. Las exportaciones de Estados Unidos ocasionan  la irremediable caída en la demanda del tabaco granadino,  puesto que el tabaco en nuestras tierras  se procesaba  de forma  más artesanal y rudimentaria que  el  del país del norte americano. 
Ante la caída de las exportaciones granadinas, El gobierno español decidió frenar la siembra de tabaco en el  Nuevo Reino de Granada y con este fin  expidió normas  e incrementó los gravámenes sobre  la siembra de tabaco;  no obstante, el incremento  del gravamen  no se limitó solamente al tabaco; el monarca español   aprovecho el momento para decretar un aumento  general a las tasas de impuestos y establecer   gravamen  a productos que se encontraban  exentos,    medida con la que pretendía  subsanar  el  déficit de sus deprimidas arcas,  que   una vez más  se encontraban al borde de la bancarrota.
Las  disposiciones  afectan  ostensiblemente la frágil economía granadina; observemos por ejemplo el sector de Los terratenientes que ante la suspensión de las exportaciones enfrentaba   significativas pérdidas de producto y   registraba además disminución de ingresos, y no obstante,   ahora tendrían que  cubrir el pago de mayores   impuestos. Las  circunstancias  también  afectan a   los pequeños productores y a los  trabajadores, así que la población en general, al comprender las  implicaciones que traería el aumento de tributos,   protesta airadamente en contra de  los decretos   y   en varias poblaciones estallan los  motines.  
La comisión para llevar a cabo el aumento de impuestos en la Nueva Granada, fue  asignada   al visitador Gutiérrez de Piñeres, que  en 1780 procedió   a realizar un meticuloso estudio sobre los tributos que hasta ese momento  cobraba el fisco y a revisar con detalle los bienes que se encontraban exentos. 
Al finalizar su estudio, Gutiérrez de Piñeres elaboro un  juicioso listado de los productos que quedaban gravados con el nuevo impuesto, al que denominó "impuesto para la Armada de Barlovento", que  entre otros aspectos contenía: gravamen para una amplia variedad de  productos que antes no pagaban impuesto e   incremento de  los porcentajes para  aquellos que consideró pagaban tasas muy bajas, llegando al extremo de doblar el valor del tributo a muchos de ellos. 
Manuela Beltrán
Heroína Comunera
Tomado archivos
Universidad del Magdalena
Para tener una idea de la magnitud de tales tributos,  acerquémonos a las disposiciones; Hasta ahora, venían pagando impuesto los establecimientos de comercio y transacciones mayores; a partir del nuevo decreto  quedaron gravadas todas las tiendas de expendio,   todos los frutos de la tierra,   las carnicerías, las pulperías y hasta el sebo, materia prima de las velas. 
Tampoco escaparon  los artistas, artesanos  y similares  pues ahora pagarían impuesto por su oficio, los que no tenían vivienda fija "pagarían tributo para hacer cualquier trato de un sitio". 
Toda transacción de cambio, venta o arriendo de finca raíz, así como todo contrato de administración; además, impuso a cada individuo la obligación de llevar registro comprobado de cada cosa que producía, compraba y vendía. 
Gutiérrez de Piñerez, con el objeto de  controlar rigurosamente  el cumplimiento  de tales disposiciones, nombró funcionarios inspectores con facultades para que  sin previo aviso    verificaran   los registros;  esta medida provocó  que dichos funcionarios cometieran excesos  en contra de la población y de los comerciantes
En el estanco que controlaba  los artículos que se comerciaban   a mayor escala, como el cacao, el algodón, el tabaco, la miel y  el aguardiente entre otros,   fijaba tanto los precios de compra a  productores como el de venta al público, así que a los productores les bajó los precios de compra y al público le incremento.  
Por ejemplo,  al tabaco y al aguardiente se les duplico el precio de venta al público y se redujeron  las medidas de peso y cantidad a la mitad. (es de tener en cuenta que estos  productos sólo se podían adquirir en el estanco)
 En cuando a los establecimientos de comercio,  sin excepción, quedaron obligados a   llevar un estricto  registro de sus transacciones.  El resultado del Decreto   de impuestos apoyado en medidas represivas,   generalizó el malestar   entre  la población y esta  circunstancia  motivo el acercamiento de  los sectores sociales granadinos. 
Casa de juan Francisco Berbeo
En Octubre de 1780  fue fijado en lugares públicos el decreto con los  impuestos  que comenzarían a regir a partir del 1o. de  enero de 1781.   
Por esta misma época,  finalizando 1780, llegó la noticia de la insurrección en el Perú del Inca Tupac Amaru, quien  había reclamado sus derechos y se había declarado "Rey de la América; y al rey de España le había llamado usurpador de sus dominios".  
El caldeado ánimo de los granadinos se exaltó aún más ante la sublevación del Inca, y sin más preámbulos estalló en las zonas  tabacaleras, registrándose   los primeros motines   en los pueblos de Mogotes y Charalá, que se  replicaron luego en otras poblaciones y hasta en lugares distantes, por ejemplo en los Llanos, donde las  fuertes protestas obligaron  al gobernador a renunciar.
El levantamiento comunero fue la máxima expresión  de nuestros predecesores para manifestar  su repudio y desaprobación al sistema que los gobernaba;  un sistema que  sin cuantificar los  largos siglos de   usufructo  y beneficios obtenidos, tanto de las incalculables    riquezas del suelo americano como de la fuerza trabajadora de sus gentes, persistía en su despótico sistema  que  asfixiaba la vida y  estancaba el horizonte de cada  individuo   del Nuevo Reino.
El día  16 de marzo de  1781, día de mercado en la población del Socorro, Fue fijado en la puerta del Estanco el decreto con los nuevos impuestos; la gente, al enterarse que el edicto comunicaba el aumento  de impuestos  reaccionó en contra de las disposiciones, se suscitó  una protesta que se fue acrecentando  y una valerosa mujer de nombre Manuela Beltrán, ante las airadas voces   de la multitud  que repetía incansable  "Viva el Rey y muera el mal gobierno",  resolvió con insospechada audacia  ¡arrancar el edicto!  que imponía más   tributos y causaba desolación en su gente. 
La multitud ante la firme reacción de Manuela se amotinó y sin que ninguna autoridad  pretendiese  detenerla, se dirigió al estanco de aguardiente,  oficina emblemática de los impuestos,  y allí expresaron su inconformidad   volteando los recipientes, con el propósito de   esparcir  todo el licor  allí depositado. 
Al día siguiente, marzo 17, la población de Simacota se unió a la protesta  y   Lorenzo Alcantuz, líder comunero, pisoteó el estandarte y arrancó el emblema de las armas reales. 
Días después, circularon clandestinamente entre los habitantes del Socorro  y municipios aledaños,  papeles escritos con versos anónimos enviados desde Santa Fe, que se leían en público y que promulgaban: 
"Viva el Socorro... y viva el reino entero…/ si socorro al Socorro le prestare…  "; - "La naranja, ¡siempre amarga si se exprime demasiado!/ y el borrico recargado, siempre se echa con la carga!" - " . 
(De la autoría de estos versos fue  acusado   don Jorge Miguel Lozano y Peralta - primer marquéz de San Jorge, y aunque no lo pudieron probar, el tribunal   le instauró un juicio,  fue  desterrado de Santafe y confinado en un convento de Cartagena a pasar el resto de sus días. Murió en la celda del convento en 1793. El Marqués era el padre del prócer y mártir don Jorge Tadeo Lozano). 
En los días siguientes, los manifestantes recibieron   la arriesgada colaboración del administrador de correos (dice Ibáñez, que este era yerno del Marques) y del párroco, quienes procuraban mantener  los ánimos de  la población,  transmitiendo   las  novedades sobre los últimos sucesos de Tupac Amaru, que secretamente recibían desde la capital,  
Juan Francisco Berbeo
Comandante Comunero
Archivos virtuales Blaa.
La mayoría de poblaciones cercanas se unieron a la protesta;    San Gil, Charalá y Mogotes entre otras; y los insurrectos  determinaron   reunirse en la población del Socorro el día 18, con el propósito de   conformar un comando central. 
Reunidos los líderes de las poblaciones, aprobaron el nombramiento de un comandante  y  fue elegido Juan Francisco Berbeo, que  en días anteriores, con gran habilidad,  había  conquistado   el respeto de  los sublevados, al dirigirse a estos con autoridad y razonamientos. 
Berbeo  era un diestro y hábil capitán  que poco tiempo atrás había prestado sus servicios al   gobierno,  en las campañas " de pacificación" que    aún enviaban contra los "indómitos Carares y Yariguies" de la provincia de los Llanos. 
Juan Francisco Berbeo para aceptar el mando de la Insurrección Comunera, exigió a los comuneros  el nombramiento de una junta asesora en la que debía figurar su amigo Salvador Plata. ( Es probable, dicen los investigadores, que esta condición de Berbeo haya tenido como finalidad,  proteger de la agitada multitud los bienes patrimoniales de Plata, ya que en días anteriores los amotinados habían intentado atacar la residencia de este, pues se le   consideraba  representante del gobierno). 
Berbeo consiguió su propósito y  los comuneros aceptaron  el nombramiento de la   Junta Asesora, que quedó integrada por    Salvador Plata, Francisco Rosillo y Antonio Monsalve.  Nombrada la Junta, Berbeo aceptó  el cargo  de  capitán  del Movimiento Comunero. 
(En el juicio en contra de Berbeo en 1782, Fernando Pabón, diputado del cabildo de Tunja declaró: [...]este sujeto, que montaba un soberbio y peligroso caballo, obsequio de los capitanes de Sogamoso, al que gobernaba como diestro jinete, se dijo ser el Comandante General de los Comunes, don Juan Francisco Berbeo, a quien todos reverenciaban y obedecían [...] cit. Pablo E. Cardenas Acosta en Los Comuneros, Pág.90) 

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