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lunes, 23 de enero de 2017

SANTANDER Y BOLIVAR - La Historia Oculta

SANTANDER: ¡Volvió a saltar la liebre!
Desde 1823 hasta nuestros días, suele "saltar la liebre" con algunos historiadores frente a la figura cimera del General Francisco de Paula Santander; con venenosa odiosidad, citando libros de autores
plenamente identificados como enemigos acérrimos del Hombre de las Leyes, entre los que se destacan: Laureano Gómez, Fernando González, Víctor Paz, Indalecio Liévano, y Eduardo Lemaitre, que a propósito cuando estaba de "buen genio" lo subía al olimpo y cuando no, lo estrellaba contra el pavimento.
Dejar por el suelo la figura más grande de los granadinos se volvió deporte nacional en manos de sus detractores. Hacia el año de 1825, empezaron campaña algunos bolivarianos en cabeza de Urdaneta para urdir desavenencias contra Santander, y enredar la relación con Bolívar. siete años después de la muerte del más grande de los americanos, hacia 1837, Santander publicó un libro de memorias sobre sus actuaciones públicas que abarcaba desde 1810 hasta el final de su mandato. Y, allí fué Troya: ¡Saltó por segunda vez el mamífero! - Aparece entonces, el abogado liberal Eladio de Urisarri y Tordesillas, con sus célebres panfletos, publicados entre el 17 de diciembre de 1837 y el 11 de septiembre de 1838 con el nombre de los "Sin Cuenta".
No está por demás comentar, que el odio contra el presidente Santander, se origina al negar al abogado y catedrático del Rosario, Urisarri,  un contrato para la explotación de Las Salinas de Zipaquirá, que por los años de 1828 y subsiguientes, pretendía que le fuese adjudicado en detrimento del célebre don Miguel Saturnino Uribe y Uribe Santos, amigo personal de Santander y Bolívar, y, de sus socios Eusebio Bernal y Carlos Michelsen. Don Saturnino había ganado el derecho de administración y venta por sus servicios prestados a la patria con grandes donaciones para la Independencia. Urisarri fue connotado "lobbysta" como se denomina hoy; estaba asociado con negocios desafortunados con Jose Eusebio Caro Ibáñez, hijo de Nicolasa, la amante de Santander y abuelo de Miguel Antonio, uno de los principales acusadores del "Hombre de Las leyes".
¡Curioso, por decir lo menos!
En los panfletos, el autor, plenamente identificado por Santander, ofende, calumnia, escribe verdades a medias, impugna la vida  pública y privada del expresidente Santander. Famosas diatribas y denuncias que han servido de merienda para zaherir la figura histórica de Santander y, también para detractores como Miguel Antonio Caro y otros como los anteriormente citados dejarán dudas sobre el "Hombre de La Leyes". Dicterios y frases acomodadas fuera de contexto, sin tomarse el trabajo de revisar el acerbo documental, simplemente porque "dijeron o lo escribieron ellos".
Basta con mirar "la mala leche" de Caro cuando afirmaba que: "Nosotros hemos visto en Santander una mezcla de militar venezolano y de letrado granadino" -¿Acaso todos nuestros grandes próceres no eran una amalgama de españoles americanos?
Caro, jamás pudo superar que su abuela Nicolasa Ibáñez hubiese sido amante y gran amor de Santander; eso lo mortificó toda la vida, se convirtió en deuda de honor, y su odio encontró en los panfletos de Urisarri un aliado incondicional; hasta le alcanzó para que otros ilustres pensadores como Laureano, y su combo, continuaran con sus infundios.
Cuando el continente ardía bajo la fiebre de la emancipación, tuvimos la fortuna de contar con dos máximas figuras que se complementaron en la parte militar y administrativa; estrategia plenamente diseñada para que los granadinos libertaran Venezuela y los venezolanos a La Nueva Granada; Mientras Bolívar ponía su espada  Santander conseguía los recursos. Sin el "Hombre de las Leyes" frente a la tesorería y administración de la Nueva Granada no hubiese sido posible la emancipación de Ecuador, Perú y Bolivia. Bien lo escribía Enrique Caballero Escobar en abril de 1989: "Para exaltar al Libertador no es necesario roer la estatua de Francisco de Paula Santander".
Los padres de Santander, cuyos ascendientes se habían avencidado en el Táchira y El Valle de Cúcuta tres generaciones atrás, nacieron en Villa del Rosario. Las dos ramas por lo Santander y Omaña Rivadeneyra provenían de Ocaña, ciudad donde se residenciaron hasta 1600. El abuelo paterno del General, don Joaquín José de Santander y Moncada, había nacido en San Cristóbal; allí se desposo con doña María Francisca de Colmenares y Jovel de Moncada, su pariente; ambos provenientes de familias bastante adineradas. Gran parte de esta fortuna fue heredada por el Prócer y sus hermanos Pedro José y Josefa Teresa, esta última desposada con el prócer venezolano José María Briceño Méndez de la parentela del Libertador. Santander y Bolívar heredaron grandes propiedades y haciendas en sus regiones respectivas; contribuyeron con generosos aportes económicos para la causa independentista.
¿Será que Bolívar también se equivocó con Santander cuando lo calificó de "Héroe de la Administración Americana"? - ¿Acaso alguien puede negar su protagonismo como héroe militar  en los combates de Paya, Gámeza, Pantano de Vargas y Boyacá?- Y, que como Vicepresidente de La Gran Colombia, encargado del poder Ejecutivo proveyó de recursos al Ejército Libertador para la gran empresa? ¿es cierto entonces, que el granadino era un héroe de escritorio como lo afirmaba Laureano Gómez, qué se había escondido en un matorral mientras se libraba la batalla de Boyacá, cuando fue el primero en cruzar en cruzar el puente al mando del Ejército Libertador, deshechando por completo esta atrabiliaria teoría, copiada por obsecuentes discípulos suyos como verdad revelada?
Bolívar en incontrovertibles términos al dirigirse a Santander sentenció: "¡Sin usted qué sería de Colombia, qué sería de nuestro Ejército y qué sería de mi gloria! - Diré a usted francamente, que si yo no lo hubiera tenido a Usted para defender con sus talentos y con su energía  mi obra, ya habría sido arruinada. ¡Y creo más, que sin usted y conmigo, no se hubiera perfeccionado bien!".
Repetir la antigua falacia de la complicidad de Santander en el atentado de la noche septembrina, no sólo es un despropósito histórico monumental alimentado por los malquerientes de "El Hombre de Las Leyes" . Ninguno de los conjurados quiso inculparlo, aún bajo la presión de la pena de muerte para salvar el pellejo; con toda clase de amenazas, maniobras, halagos, se procuró que lo hicieran, llegando al punto de que se ofreció perdón por sus vidas. Juicio acomodado, adelantado mediante Consejo de Guerra , manipulado y asediado por un enemigo acérrimo: El General Urdaneta presidido por él mismo; se le negó hasta el elemental derecho a la defensa, con violación de Leyes procedimentales hasta dictaminar la Sentencia Suprema: ¡Pena de muerte!
Bolívar lo sabía de sobra; Santander no tenía "velas en el entierro"; tres días antes de la nefasta Noche Septembrina fue advertido personalmente por el propio Santander, que iba a ser víctima de un atentado en Soacha, encabezado por Carujo, quien a la postre, comandó el aleve ataque contra El Libertador el 25 de septiembre de 1828; ese detalle primó también en la decisión de Bolívar para conmutar la pena de muerte por el destierro.
"Bolívar se mostró generoso conmigo porque no podía jamás comprobar ante el mundo que yo había tenido parte en la conspiración del 25 de septiembre; así fue que tuvo que apelar para dar razón de su clemencia a su gloria que lo requería. Yo agradecí la conducta de Bolívar, aunque declamé  siempre contra el juicio y contra la medida gobernativa de conservarme preso en una de las fortalezas de Bocachica, por siete meses, tratado poco decorosamente. Gracias al General Sucre y a los respetos del señor Joaquín Mosquera, al fin obtuve mi pasaporte para salir de Colombia".
En 1831, en pleno destierro, Santander se encontraba en una gira por Italia; a su regreso, sus dos criados José Delfín Caballero y Rufino Camacho le tenían la "buena nueva" de la muerte del Libertador, porque pensaban que eso significaba su regreso a la patria, el cese de toda persecución, amén de la restitución de todos sus bienes confiscados; Santander palideció intensamente y al ver la alegría de aquéllos estallo: 
"¡En América sólo los miserables pueden alegrarse por la muerte de Bolívar!"
Decir que Santander se lucró de la administración, es otro desatino de "mala leche". Un hombre que murió con los recursos que había heredado de sus padres; que para sostener el destierro en Europa hipotecó su casa y hacienda;  cobro sueldos atrasados con los que llevó una vida austera, sin derroche, en el exilio. Nadie puede desconocer que Santander fue el creador de La República. En la página 568 del libro "Santander" escrito por Pilar Moreno de Ángel, hace alusión a las actuaciones durante su administración:
"Después de haber obtenido desde 1819 las primeras magistraturas, y por medios legítimos,  nada tiene de raro que posea una fortuna capaz de hacerme independiente del gobierno y aún de los particulares. Los destinos que he servido han sido dotados con sueldos considerables para el país (sin que yo haya tenido parte en dar las leyes del caso), y el tesoro me los ha satisfecho como a todos los demás servidores de la patria. Yo ignoro todavía quién es el que, habiendo sido presidente antes o después que yo, haya servido gratuitamente el destino.
Nariño, Lozano, Álvarez, Bolívar, Castillo, Mosquera, Caicedo, Obando, Márquez, todos han cobrado y dispuesto de ellos libremente. ¿No es un encarnizamiento odioso, el notarlo sólo en mí?, ninguna ocasión oportuna he despreciado para confesar que todo lo debo a mi patria, concediéndome generosas recompensas por mis pocos servicios a su independencia y libertad. Pero ninguna recompensa me ha sido dada en contravención de las Leyes, ninguna por privilegio especial. Me concedió tierras desnudas de ganados y mieses [Hato Grande en Sopó] y una pequeña casa, porque la ley igual hizo concesión a los que tuvimos la constancia de hacer la guerra en los calamitosos años de 1816 a 1819. Me satisfizo la Tesorería los sueldos de vicepresidente y presidente, porque la ley mandó satisfacerlos a cuántos ciudadanos ejerciesen dichos destinos.
Yo he procurado hacer uso de esta fortuna: en 1820 he regalado al tesoro seis mil pesos para la guerra del sur; también cedí los sueldos de General del 15 de febrero hasta el 21 de septiembre de 1819; la mitad de los sueldos de Vicepresidente de Cundinamarca me los pagaron en vales de crédito público que aún conservo; muchas viudas de los mártires de la independencia y los de la libertad, han recibido pensión mensual de mi renta; he opagado la educación de algunos huérfanos, he auxiliado con dinero las escuelas públicas y casas de educación, he socorrido a los arruinados por los terremotos de Pasto  y Santa Marta, he ayudado a reedificar iglesias, en fin, mi bolsillo ha estado para ser útil a mis conciudadanos.
Ninguna reclamación he hecho por perjuicios causados en mi destierro, ni por las revueltas de 1830, otros han reclamado y aún a algunos se les mandó  indemnizar. Siento repugnancia al hablar más sobre una materia de suyo odiosa. Yo puedo decir con orgullo: Aquí están mis bienes; si hubiera sido indiferente a la suerte de mi patria yo no los tendría; pero abracé su causa con ardor, la he seguido con fidelidad, le he prestado los servicios que han estado a mi alcance, y la patria me ha hecho rico en honores, en premios, en reputación y bienes..." 
¡Lo paradójico es que sus detractores lo tachan de rezandero, agiotista y avaro!
Lo afirmó Max Grillo en uno de sus textos sobre el Fundador Civil de La República: "Tantas anécdotas fijadores de su estricta índole democrática y de cómo la Constitución y la Ley estaban por encima de todo, y eran normas para ejercitar y no para atropellar y ver morir impunemente al contrario, hacen de Santander un hombre para orgullo y ejemplo de nuestra nacionalidad".
Para terminar, y que no se quede en tintero otra de las calumnias infundadas contra el Hombre de Las Leyes, esgrimidas hace tiempo por "acuciosos investigadores" paso a transcribir el comunicado del Libertador  relacionado con la Hacienda de Hato Grande:
"Cuartel General de Santa Fé
A 12 de septiembre de 1819  -   9o.
Simón Bolívar
Presidente de la República, Capitán General de los Ejércitos de Venezuela y de la Nueva Granada...etc.
Atendiendo a los brillantes y distinguidos servicios que el General de la División Francisco de Paula Santander ha prestado a la República  en todo el curso de la campaña de la independencia, y muy particularmente a los que ha hecho en la presente campaña en la que manda el Cuerpo de Vanguardia del Ejército Libertador de La Nueva Granada; y deseando recompensarle  no sólo con honores y estimación general a que se ha hecho acreedor, sino de modo que asegure su cómoda subsistencia; usando de las facultades que me concede la Ley del 10 de octubre de 1817, y de las extraordinarias que me están delegadas por el Congreso General, he venido a decretar lo siguiente:
Artículo 1o.: Se concede al General de División Francisco de Paula Santander en plena y absoluta propiedad, como recompensa extraordinaria, la casa que pertenecía en esta ciudad al español emigrado Vicente Córdoba, sita en la primera calle nombrada Real, y la Hacienda conocida por el nombre de Hato Grande, sita en jurisdicción de Zipaquirá.
Artículo 2o.: Se declara que la Hacienda de Hato Grande cedida por el artículo precedente al General Santander, está exenta de la carga de diez mil pesos que reconocía a favor de don -Francisco Rodríguez. Esta deuda correspondiendo también al estado, como derecho de un enemigo, claudica y queda a beneficio de la hacienda.
Artículo 3o.: Si valoradas la casa y la hacienda cedidas, excediere el precio total de ambas de la cantidad de veinte mil pesos que la Ley asigna a los generales de división, el exceso que hubiere queda también como recompensa extraordinaria a favor del General Santander.
Artículo 4o.: El Director de las rentas de las provincias de La Nueva Granada se encarga de ejecutar este Decreto, haciendo entrar en posesión de estas propiedades  al General Santander cuando lo reclame y que se practiquen las diligencias de avalúo y demás que son consiguientes.
Comuníquese al interesado para que se haga el uso que le corresponde.
Dado, firmado de mi mano y refrendado por el Ministro Secretario de La Guerra.
Bolívar
El Ministro, Pedro Briceño Méndez (hay rúbricas)"
El anterior Decreto desmiente por completo toda la trama que se "montó" acerca de estas dos propiedades. Los hechos son tozudos, el acerbo probatorio está a la vista; sólo los necios desconocen esta realidad; es que los papeles y los documentos hay que mirarlos con los ojos y no con la bilis.
Otro eximio historiador don Laureano García Ortiz, afirmaba a comienzos del siglo pasado que: En Santander, el arte de gobierno y las dotes de mando eran ingénitas. En 1866 decía en París el príncipe Pedro Bonaparte a don Manuel María Mosquera  -nuestro ministro en Francia- y a su secretario don Aníbal Galindo: "He conocido todas las majestades de Europa y puedo asegurar a ustedes que no he conocido a nadie en quien la naturaleza hubiera impreso con caracteres más fuertes el don de mando que en el General Santander".
¡Así lo reconoce la  Historia pese a sus detractores de oficio!
Tal como lo describe doña Pilar Moreno de Ángel: "Santander surgió como el extraordinario varón que fue: Guerrero, estadista, bibliófilo, amante de las artes y las letras, con todas sus pasiones, sus amores, sus aciertos y sus equivocaciones, sus triunfos y sus derrotas. Pero sobre todo se retrata a quien fue pilar  de la Democracia Colombiana y arquitecto fundamental de ella dentro de nuestra nacionalidad..." ; bien lo  expresó Enrique Caballero Escovar:
"Bolívar fue la independencia y Santander la República"
Por: José Asunción Suárez Niño
Miembro Academia de Historia de Cundinamarca
                Academia colombiana de Genealogía.
(fotografías tomadas de archivos de internet)