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domingo, 5 de mayo de 2013

EL ÁRBOL DE LA LIBERTAD

Con motivo de la celebración del Bicentenario de la Independencia de Cundinamarca, conviene traer a la memoria ciertos episodios que, aunque parezcan intrascendentes, nos dan muestra de la forma en que poco a poco se fue cambiando la mentalidad de los habitantes de la Nueva Granada y se logró despertar de ese sueño profundo en que estuvieron durante la larga época de la Colonia. Uno de éstos, de significativa ocurrencia y llamativa curiosidad, es el relacionado con el árbol sembrado en la plaza mayor de Santafé, el 29 de abril de 1813, y bautizado con el nombre de árbol de la libertad.
Aunque en el año de 1813 se inicia oficialmente la siembra del árbol de la libertad, en el Manifiesto de Cartagena de 1812, Simón Bolívar ya lo mencionaba ante lo que él denominaba la caída de Venezuela y la posible invasión de los españoles. Decía que podría llegar un ejército al que “seguirá otro más temible de ministros, embajadores, consejeros, magistrados, toda la jerarquía eclesiástica y los grandes de España que derramándose como una torrente lo inundarán todo arrancando las semillas y hasta las raíces del árbol de la libertad.

Los centralistas, bajo el mando de Antonio Nariño, quisieron crear un estado unificado con el nombre de Cundinamarca; pero, por otro lado, los federalistas de Camilo Torres se enfrentaron al proyecto de Nariño para crear las “Provincias Unidas de la Nueva Granada”. De ahí se desprendió, en parte, una guerra civil que facilitó la reconquista española y que se denominó como el período de la Patria Boba.

Pedro Ibañez relata en su libro de “Crónicas de Bogotá”, como, en el despertar del año 1813, el ánimo y el optimismo reinaban en la ciudad. El sábado 9 de enero “día memorable y dichoso” para el presidente Antonio Nariño y para el pueblo santafereño, las tropas de la Unión al mando del general Antonio Baraya, habían sido derrotadas en San Victorino. Fue un acontecimiento feliz para los santafereños que habían superado con éxito esta dura prueba al vencer a las tropas de las Provincias Unidas en las calles mismas de la ciudad.
Antonio Nariño Presidente del Estado Soberano de Cundinamarca deseoso de consolidas la armonía consideró que era el momento oportuno para reforzar el ánimo de sus tropas y proyectarlo a la población civil. Es así como programó la celebración de una fiesta cívica, patriótica y ciudadana para lograr una "buena armonía" entre los partidos enfrentados en aras de las ideas centralistas y federalistas que defendían. Con esta finalidad, el gobernante triunfador determinó plantar el árbol de la libertad en la plaza mayor de Santafé y en las poblaciones más notables de Cundinamarca, acto que tendría lugar el 29 de abril. Así se había determinado cinco días antes, mediante el bando respectivo. 
En los días anteriores se habían embellecido de blanco los frentes de las casas y se habían colgado faroles en toda la ciudad. Los balcones estaban engalanados con tapetes vistosos para lograr que las marchar y los desfiles de este día especial se vieran engalanadas por el hermoso paisaje que las rodeaba. Las bandas de música militar paseaban por la plaza y calles principales.
Los chisperos (alborotadores), aunque ya había pasado el tiempo de cosecha, rebosaban de contento, y los cuerpos de tropa formaban en la plaza de tal manera que todos los simpatizantes de la independencia se sintieron partícipes del acontecimiento. A propósito de esta ceremonia don José Manuel Groot, testigo presencial de los hechos, nos relata en la Historia Ecleciástica y Civil de Nueva Granada que, hacía las tres y media de la tarde del jueves 29 de abril de 1813 comenzó la ceremonia central de la fiesta cívica con un paseo ecuestre. Nariño iba a la cabeza con los Secretarios, el Corregidor, Alcalde y Cabildo. Seguían los demás empleados, los comerciantes y vecinos notables. El paseo anduvo por la Calle Real, las de la Carrera, Santa Clara y Florían. Luego dió la vuelta a la plaza y el Presidente se entró al Palacio con los secretarios. 

El árbol de la libertad, era un arrayán de más de cuatro metros de alto que tenían listo desde el día anterior y lo habían guardado en las instalaciones del Cabildo. El corregidor ayudado del Alcalde, lo colocó dentro de un triángulo equilátero fabricado de piedra de sillar que sobresalía del suelo de tierra de la plaza. Así se hizo sin dejar de colgar en una de sus ramas un gorro frigio. Este gorro, conocido como frigio por el lugar en Asi Frigia de donde se cree es originario, no era un simple adorno para el árbol, era tmbién un símbolo de libertad desde épocas muy remotas. Este símbolo se mantuvo a través de la historia y hoy en día forma parte de nuestro escudo nacional.
Plantado el árbol de la libertad bajo los arcos triunfales, la comitiva se dirigió al palacio de gobierno y dió parte al Presidente, de que quedaba plantado el árbol de la liberta<d. El presidente contestó felicitando a las autoridades y al pueblo por tan venturoso acontecimiento.
Cabe anotar que, cuando aún no había concluído la referida ceremonia, se informa al Presidente Nariño de un hecho trágico ocurrido en la noche anterior y del cual nos da cuenta José María Espinosa en sus "Memorias de un Abanderado": alacio con los secretarios. 

Antonio Bailly (coronel de ingenieros de nacionalidad francesa) tenía a su servicio un negro de corta edad y siempre que éste iba al cuartel a buscar a su amo, los soldados le decían en burla: “¿Por qué no matas a tu amo que es un judío? Ya todos somos libres e iguales, la esclavitud se ha acabado, y pronto se plantará en la Plaza el árbol de la libertad”. El negrito, a fuerza de oír repetir esta broma, la tomó a lo serio, y una noche que su amo volvía a casa, al llamar al portón, salió a abrirle con una espada, y al entrar le atravesó el estómago con ella. Se prendió en el acto a este infeliz, que en verdad no tenía defensa posible, pues no era tan niño que no supiese lo que hacía, y cometió un homicidio premeditado; se le siguió el juicio y fue condenado a muerte. El mismo día que se plantaba solemnemente el árbol de la libertad en la Plaza mayor de Santafé, salió el negro al patíbulo: contraste elocuente y muy significativo, pues al mismo tiempo que se hacia una espléndida ovación a la libertad que se acababa de conquistar, La Justicia ejercía un acto doloroso, pero ineludible, como para dar a entender que la libertad y la justicia deben reinar juntas, y que la una no puede existir sin la otra.

Unos días antes, el 23 de abril de 1813, ya se había sembrado un árbol de la libertad en la Villa de Honda. El doctor Ignacio Herrera, subpresidente de Mariquita, había llevado a cabo la misma ceremonia con la diferencia de que tan ilustrado funcionario, con miras a que los moradores del lugar no tomasen a mal su significado, declaró que “la libertad consistía en la sujeción a la ley; que el buen ciudadano respeta la religión de sus padres y autoridades legítimas; guarda fe del matrimonio; que el hombre libre no es soberano para hacer lo que quiera”. Y concluye con la expresión: “Estos principios conviene que se graben profundamente en el corazón de todos los ciudadanos para que se pongan a cubierto de las glosas con que los sediciosos quieren precipitarlos en un error”. A lo anterior, se agrega, que el doctor Herrera había hecho, así mismo, la historia emblemática del árbol de la libertad desde el tiempo de los griegos y los romanos.

Los habitantes de Cali sembraron su árbol el 24 de junio del año siguiente. Otros árboles y ceremonias parecidas fueron realizadas en las poblaciones de Guasca, Guatavita, Zipaquirá, Ubaté, Fúquene, Chiquinquirá, Saboyá, Sogamozo y otras poblaciones de Cundinamarca y Boyacá en cumplimiento de la orden del Presidente Soberano.

¿A quién hacían tantos honores? ¡A un arrayán! El arrayán es un árbol nativo que tiene la virtud de crecer en distintos lugares de la geografía colombiana. Sus hojas perennes lo hacen ver verde todo el año. La tradición de plantar árboles fué heredada de la Revolución Francesa; es decir de una revolución de la cual se esperaba morder un delicioso fruto; la libertad. Sembrando un árbol en la plaza mayor, Nariño demostraba su cercanía con los ideales de aquella revolución que tanto asustaron a la aristocrracia y que en América contribuyeron a poner en entredicho el poder de España en las colonias. 
La siembra del árbol de la libertad tiene una honda significación a lo largo de los tiempos teniendo en cuenta que el árbol es uno de los símbolos más poderosos de la humanidad; que las diversas especies de árboles poseen sus propios significado en las diferentes culturas; y que el llamado árbol de la vida es una "representación de la perfecta armonía", que era, precisamente, la suprema aspiración de nuestros próceres y el gran anhelo de todo ciudadano de bien. 
Del grito de la independencia se había pasado a la libertad teniendo en cuenta que la siembra del árbol de la libertad en realidad anunciaba que Cundinamarca declararía su independencia absoluta de España como en realidad ocurrió el 16 de julio del mismo año. Desde entonces en Colombia sigue viva la tradición de plantar árboles de la libertad, en Gigante, Huila, José Hilario López plantó una ceiba cuando decretó la abolición de la esclavitud durante su mandato presidencial (1849-1853)
Nos queda entonces el recuerdo del árbol de la libertad, para que se afiance en nuestras creencias como símbolo de la vida y de la permanencia y nos comprometamos en la custodia de su autenticidad e integridad. La misma libertad por la que lucharon y soñaron los padres de la patria y sus ejércitos, y que nos legaron como el fruto de arraigadas convicciones y de tantas batallas, sacrificios y padecimientos. 
Frente a la situación actual del país y en la misma forma que don Manuel del Socorro Rodríguez lo publicó en su "Papel Periódico de Santafé de Bogotá", exclamamos:

Si en la actual constitución
todo es tiranía y maldad
árbol de la libertad
¿Cuáles, dí, tus frutos son?

Hacemos un llamado a todos los cundinamarqueses para que conmemoremos esta fecha plantando en cada municipio un árbol de la libertad, con la idea en nuetros corazones de velar por el respeto y cumplimiento de los Derechos del Hombre y del Ciudadano y, como muy bien lo afirma el Gobernador de Cundinamarca, para mantener vivo el legado de quien dió al país el espíritu del respeto por los derechos que hoy, cuando buscamos una paz definitiva, están más vigentes que nunca.

ANA DERLY PRIETO NOVOA
Presidente del Centro de Historia de Pacho
Miembro de la Academia de Historia de Cundinamarca

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